|

A 1700 m .s.n.m, al sur este de la ciudad de Alamor y a unos 20 km . Se encuentran las famosas Pampas de Guambona, perteneciente a la parroquia Vicentino, donde confluyen las parroquias El Arenal, Mercadillo y Vicentino.
Las Pampas de Guambona tienen un valor histórico muy particular, con una diversidad de leyendas que hacen de este sitio, un atractivo turístico, además su entorno natural llama la atención a quienes aman la biodiversidad.
Continuando las Pampas de Guambona, se encuentran las Pampas de Chitoque, lugares de antaño, ricos en historias y leyendas, José Alfredo Gómez Alvarez, redacta una de estas fascinantes leyendas.
Dura realidad la de los auténticos chitoques. Indios curtidos al sol y al trabajo, resignados a la suerte que les deparó el conquistador. Ahora les había doblado la carga tributaria de diezmos y primicias el cura párroco. De no cumplirla, no habría bautizo para los guagas, ni santo matrimonio, ni confirmación, ni comunión, ni extremaunción. Mejor dicho se les negaba el perdón de Dios. Los siervos del altiplano alamoreño estaban reticentes a la sobrecarga tributaria pero el cura se la impuso a punta de látigo y sermones apocalípticos hasta que un aciago viernes Santo los indios se encapricharon estimulados por la chicha fermentada y agredieron salvajemente al cura, cuya cabeza rodó, como danzando, de un soberano machetazo que descargó con furia inaudita Manuel Cuchicara, pues su hija ya tenía dos hijos de taitacurita, aumentándose las bocas y disminuyendo el plato del indio. Los demás indios de otro machetazo, sacaron el cráneo en el que continuaron bebiendo su chicha jora, ¡crimen horrendo se había perpetuado en Chitoque. Truenos y relámpagos con una aguacero pertinaz que hacía retumbar el tambor de la Pampa …¡ El sacristán don Cristo Chamba, encontró el cadáver de el cura boyando en un charco de sangre y la cabeza estática con los ojos fijos en el techo, eternamente velados, como asombrados por la audacia de los asesinos. ¡ se lo comieron a machetazos esos desalmados!, l cocinera mascullaba desde un rincón de la sacristía, toda ella salpicada de sangre y el sacristán con los pelos de punta y las manos crispàdas, ya me voy aurita mismo a poner en conocimiento del señor Obispo de Loja y ensillando el caballo tordillo, con su apero macareño, se disparó a galope tendido cuesta de Chitoque arriba con el mensaje en la boca, lo mataron a taita curita esos indios facinerosos…, el tordillo tragaleguas devoraba kilómetros rompiendo los vientos de Sigilos, cerro escarpado, más allá de Catacocha.
Iban como locos en fuga perseguidos por los gritos desgarradores de las ánimas que son torturadas en los abismos del Chiriculapo, pecho de piedra de la heroica raza paltense. Desde un costado del cerro por donde culebreaba el tortuoso camino el Sacristán descubrió que lo perseguía un siniestro jinete en un caballo blanco y que de inmediato lo alcanzó. Yo también voy a dar cuenta del crimen al Obispo de Loja, mi caballo Mefistófeles es más veloz y más te vale regresar a Chitoque a consolar a la feligresía y sepultar a tu jefe, quien no solo a maltratado y explotado a su pueblo sino que ha comprado tramos de la inmorar deuda externa ecuatoriana, como quien se reparte el queso con los demás ladrones de levita. Y alzando el brazo para empinar las riendas del briso potro en descomunal galope dejó ver los bofes y más asaduras quedando boquiabierto y trémulo el Sacristán que yéndose en aguas de espanto, retorno a Chitoque avemarías y jaculatorias. |
![]() |
|---|
Desde las alturas del Guachaurco se abría un inmenso panorama que remontaba en un horizonte pintado magistralmente de colores embriagantes a la hora nona. Cristo Chamba esperaba que las campanas de Chitoque tocaran el Angelus, para encomendarse con rosario en mano a la interminable lista de vírgenes, pero lo que escuchó al pie del cerro fue un quejido estremecedor que salía del vientre de la pampa. “Chitoque había sido encantado”, estaba bajo tierra por castigo, así lo demuestran las algarabías y lamentaciones subterráneas.